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Los últimos rayos de sol son ciencia ficción sobre la piel. |
El fin del mundo llega cuando menos te lo esperas. Un
soplido del destino, un planeta X reventando la vida a tu alrededor. Una
explosión inmensa y adiós. El fin de todo. La nada.
Pero antes puede
ocurrir que el mundo empiece a morir poco a poco, de una forma tan sutil que no
podemos darnos cuenta hasta que llega la primera señal: el sol apagándose por
unos instantes, haciendo que nos cuestionemos qué ocurriría si nos dejase
huérfanos de su calor. Porque sin calor no hay vida. Tampoco sin calor interno.
Esta noche, justo cuando
el día empiece su decadencia, el eclipse llegará para rematarlo con celeridad
cósmica. La Luna, aunque invisible, reinará minutos antes de que llegue su hora,
apagando con su frialdad el fuego del sol. Y justo en ese momento, seremos más
ligeros y las mareas más salvajes. Yo sospecho que la locura, que llegará a su
culmen en el punto de máxima oscuridad, ya lleva tiempo rondándonos: hace días que
padezco tempestades y tsunamis en las orillas de mi nombre.
Hay quien dice que
dos días después llegará el fin del mundo: la explosión última. Quizás sea el
momento de confesar los secretos, de mandar a paseo los miedos, de dejar de
temer futuros inciertos. Ese es el único regalo que nos da el saber que el día
siguiente no existiremos.
Es posible que nada
cambie, pero disfrutemos por unos momentos de la catarsis que nos ofrece un día
distinto. Y pensemos en lo que nos importa, en lo que nos daría pena dejar de
tener si se acabara. Por si somos los últimos en sobrevivir.
21 de agosto de
2017, 20:45h. Primer paso del posible fin. Te espero al otro lado de la lógica,
en mi planeta de aguas revueltas.
*La canción de hoy es "El fin de la eternidad" de Iván Ferreiro.
Todos los principios son finales disfrazados de oportunidades
Mira esa luz, viene hacia aquí, déjala entrar.
Todos los finales son fatales si no sabes qué vendrá.
Tú, mira esa luz, que viene hacia aquí, y déjala entrar.