domingo, 21 de junio de 2015

La Puerta


El viajero se quitó el sombrero y secó la gota de sudor polvoriento que le caía por la frente. De espaldas al resto del mundo, contempló la puerta. Había cambiado mucho desde que la construyeron. El tiempo había sido inclemente con lo accesorio, pero había respetado aquello sobre lo que no tenía influencia, por eso no quedaban nada del resto del edificio ni de la decoración que rodeaba el portal y sólo se mantenían en pie las piedras que formaban el arco que lo enmarcaba, medio insertadas en el Tiempo Impreciso. Recordó como era aquel paisaje en su época, cuando, guiado por su intuición, siguió un camino de estrellas que le llevó a un otero con un extraño remolino fluctuante en su centro, ese mismo que ahora observaba. No se atrevió a cruzarlo entonces, poseído por el miedo a lo desconocido, demasiado condicionado por la superstición medieval. No duró mucho ese temor. La curiosidad venció al terror al Maligno reinante en su época de oscuridad y volvió la noche siguiente. Ya no había sendero de estrellas para guiar sus pasos y si llegó fue porque conocía la ubicación exacta con la precisión de los que acostumbran a guardar los mapas en su mente. Esa noche ya no había nada interrumpiendo la visión desde lo alto del monte. Volvió varias noches más, anotando cuidadosamente cada factor que pudiese influir, convencido de que aquel fenómeno ocurriría de nuevo. Le llamaron loco, insinuaron que hacía algún tipo de brujería en sus correrías nocturnas y le empezaron a dejar de lado. Nada importaba. Aquello se había convertido en el centro de su mundo. Sólo una persona le comprendía y apoyaba, su único amigo, al que perdió siglos antes, o después, según se mire, en uno de sus viajes alucinantes. Entre los dos construyeron el edificio en torno al lugar una vez que descubrieron el secreto que activaba la magia del portal, una magia que ahora llamaban ciencia y que jamás revelarían al mundo por ser un conocimiento peligroso que las paredes de piedra protegerían de miradas curiosas. Por eso, a pesar de la impaciencia impetuosa que anidaba en sus corazones, esperaron a acabar la construcción para atravesar el objeto de su veneración. El día elegido para la partida, cerraron cuidadosamente la puerta por dentro. No sabían si encontrarían la muerte o un pasaje a ese Infierno terrible de fuegos eternos que los vidrieros estaban pintando en la catedral y, aun así, se les hacía imprescindible descubrir qué ocurría allí dentro. Se dieron la mano y cruzaron juntos. Nadie volvió a ver a ninguno de los viajeros hasta ese momento. No en esa época.

Siglos después, uno de los viajeros había vuelto. En su mochila traía recuerdos de mil épocas recorridas. Conocía el principio de la Humanidad y lo anterior a ella, y el futuro casi hasta el fin de su existencia. Desde allí vino a bordo de su máquina del tiempo, la que él inventó mezclando la tecnología del futuro más extremo con la magia aprendida investigando el portal a otras épocas que ahora contemplaba mientras secaba la gota de sudor que caía por su frente confundiéndose con las lágrimas ocasionadas por el reencuentro con el principio de todo.


*Las fotos, maravillosas y evocadoras como todas las que hace, son de Víctor Gibello Bravo. Le agradezco mucho que me deje utilizarlas para ilustrar este cuento que ellas mismas han inspirado. Podéis ver más ejemplos de su trabajo en PhotoZen

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13 comentarios:

  1. Sin duda, un viaje alucinante para el protagonista y para el lector. Tus palabras transportan la mente como guías precisos. Una experiencia inolvidable. Me ha encantado y la imagen inspiradora de Víctor, también.
    ¡Abrazo, amiga! ;)

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    1. ¡Efecto conseguido entonces!
      Gracias por tus palabras, siempre tan bonitas.
      Besos, creador de historias molonas ;-)

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  2. ¡Cómo mola! Pedazo viaje en el tiempo. Me ha encantado la foto también. Un abrazo

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    1. ¡Gracias guapa!
      A ver si saco un ratillo y le hago un repaso a tu blog ;-)
      Abrazos

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  3. Me ha encantado este viaje en el tiempo. Un relato muy original. Un gran viajero. Me ha encantado como lo has descirot y la imagen es preciosa. Un abrazo.

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    1. Gracias también por aquí. Con comentarios como este da gusto escribir. Gracias por la visita :)
      Abrazos

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  4. El misterio de la acronía o del tiempo en manos humanas... bello y enigmático relato que necesita releerse para volver a organizar el paso del tiempo en el puzzle mágico de Cronos. Se echa en falta la segunda parte, para saber qué ocurre con el amigo... ¡Ánimo! (Felicidades también a Víctor por su trabajo tan creativo).

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    1. Gracias por tus palabras bonitas, tomo nota de la idea de hacer una segunda parte ;-)
      Abrazos

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  5. Me ha gustado mucho el halo de misterio que encierran en las letras. Y las fotos de la puesta es otro misterio. Un abrazo

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  6. Me ha gustado mucho el halo de misterio que encierran en las letras. Y las fotos de la puesta es otro misterio. Un abrazo

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    1. Gracias por la visita y por tus palabras. Un placer tenerte por mi mundo del otro lado del espejo.
      Abrazos :)

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